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Ya sabes que hoy por hoy eres el conjunto de las decisiones que has tomado hasta este momento y por eso es tan importante que cada día vivas conscientemente, porque así tomas decisiones en lugar de vivir llevada por la corriente.

¿Pero qué pasa si estás tomando tus decisiones con el enfoque incorrecto?

Y es que no es únicamente importante tomar decisiones, sino también tomarlas con la perspectiva adecuada.

Te voy a dar dos ejemplos tomados de situaciones que yo misma experimenté y al leerme quiero que pienses en ti, en cualquier situación a la que tú te hayas enfrentado.

 

Decisiones con enfoque en dramas personales

En el 2012 una empresa de la que yo era accionista estaba en pleno auge en su curva de crecimiento, el producto era toda una novedad y para expandir la administración pidió un incremento de capital.

En ese momento yo no estaba de acuerdo con la administración del negocio y los número que nos presentaban en directorio no eran suficientes o suficientemente claros para mi. Pero el negocio iba aparentemente bien.

Unos días más tarde tuve la oferta de otro de los accionistas de comprar mi participación del negocio.

¿En qué estaban enfocadas en ese momento mis decisiones?

Te lo cuento.

En aquel entonces mi mente estaba nublada por conflictos personales.

Buscaba ante todo la aprobación en un entorno en el que yo era demasiado diferente y en aquel entonces eso me importaba. Yo quería seguir siendo diferente, pero tener la aprobación/ respeto/ cariño o qué se yo del resto de personas.

Mi enfoque estaba en la percepción, opinión y respuesta del resto y muy alejado de lo que yo quería, conocía y podía.

¿Cuál fue mi decisión en ese momento?

Rechacé la oferta.

Una decisión guiada por el ego y la vanidad de tener algo que otros quieren y pertenecer a un grupo que para otros sea interesante.

Mi decisión ignoró completamente mis capacidades y mi visión. Lo primero por dar más valor a otros que a mi y lo segundo porque (hoy por hoy comprendo) no tenía una visión clara.

El problema de ignorar mis capacidades

Yo soy especialista en análisis y evaluación de proyectos. Y aunque desde el 2016 no he realizado ningún análisis o evaluación a negocios o proyectos de otros, fundé mis empresas y lo hago con otra perspectiva.

Pero en aquel tiempo era mi mayor climax de conocimiento de inversiones, tasas de interés, flujo proyectado de negocios y simulación de escenarios, y con todo eso, no me tomé el tiempo de analizar mi propia inversión con el enfoque debido.

Podemos culpar a que era joven, a que no tenía experiencia, a mis inseguridades personales o a la presión del entorno. Pero cualquiera de estos es falso, porque la única responsable fui yo al concentrarme en algo tan absurdo como la opinión del resto en lugar de concentrarme en crecer mi capital.

Al momento de esta decisión yo ya tenía muchas señales que me alertaría de lo que vendría, tenía mis conocimientos y si me concentraba, hubiese hecho el análisis apropiado y decidido vender mi participación sin ninguna pérdida.

Pero no lo hice
Y el resultado es que meses después después la empresa enfrentó una situación de crisis por diversas trabas legales, demoras en la importación del producto y, desde mi punto de vista, mal manejo de personal.

Sostuvimos lo que pudimos hasta que no se pudo más.

La empresa cayó en banca rota, liquidamos a todo el personal y los administradores se quedaron trabajando hasta liquidar todo sin recibir un sueldo. Nos decidimos de todo el stock que teníamos al precio que fuese con tal de que no caduque en nuestras manos y cerramos la empresa habiendo todos perdido toda la inversión que se realizó.

Mi primer fracaso empresarial se llevaba todos mis ahorros y me golpeaba en el ego a mis 27 años.

Si, fui el resultado de las decisiones que tomé, no me quedé paralizada, actué, decidí, participé. Pero todo esto lo hice con un enfoque mental equivocado muy a pesar de que tenía todo para tomar mejores decisiones.

Reflexión de esta anécdota:
cuando tomes decisiones hazlo usando conscientemente tus capacidades y asegurándote que lo que te inspira es aquello que tú quieres para ti y no lo que quieres mostrar al resto.

 

Decisiones con enfoque en visión de vida

 

La otra anécdota que te quiero contar es sobre el inicio de un conjunto de decisiones que me llevaron, en gran medida, a estar hoy por hoy donde estoy.

Esta decisión fue en el 2015, había terminado mi segunda maestría, me había mudado de país 3 veces en 8 meses, se me estaban acabando mis ahorros, me había enamorado (cosa que jamás pensé que ocurriría) y estaba en un país donde no conocía a nadie más que a mi novio (hoy por hoy mi esposo), no sabía el idioma y me acababa de enterar que la mayoría de mis títulos académicos no iban a ser reconocidos ahí y que por lo tanto debía empezar desde cero.

30 años, a punto de quedarme sin ahorros, más de 10 años de experiencia laboral que a nadie en Alemania le importaba, dos maestrías internacionales que no iban a ser completamente reconocidas y un idioma que no entendía más que lo que entiende un niño de 1 año.

Empecé a buscar trabajo en inglés y en español y analicé todas las alternativas posibles.

Pero me encontré con un problema.

Ninguna de las ofertas que encontraban encajaban con mi visión de vida. No podría potenciar mis capacidades, crecer profesionalmente a la velocidad que yo aspiraba, ni mucho tener el estilo de vida que yo aspiraba.

Tenía que empezar desde cero.

Pero decidí no hacerlo porque mi enfoque mental estaba concentrado en crecimiento, abundancia y logro.

Me vi a mi misma en una situación en la que no empezaba de cero, sino que empezaba con experiencia, visión y necesidad.

Me asesoré y descubrí que el negocio digital que planteaba tardaría 2 años en empezar a rendir económicamente.

Recuerdo que con lágrimas respondí “no, no tengo 2 años, ¿qué puedo hacer para que funcione en 1 año?”.

Y así el plan de acción empezó.

Si iba a empezar desde abajo, más valía que fuese por algo en lo que creía, en algo en lo que me vería obligada a usar todo mi potencial y en el que no descansaría hasta tener los rendimientos que me den la vida que quiero.

Un año más tarde ingresó el primer dólar al negocio.

¿Qué necesité para que esto funcione?

Bueno, en realidad necesité cientos de cosas y factores en los que hoy no voy a profundizar, pero el enfoque que necesité fue un enfoque de crecimiento.

Que mi concentración esté en la visión de hacer, entregar y ser algo grande.

Si mi enfoque hubiese estado concentrado en la vida que conocía antes no lo hubiese intentado. Hubiese buscado un trabajo que me de algo, un grupo al cual pertenecer, un salario para cubrir algo de cuentas y un título de “aceptada”.

No hubiese sido malo, estoy segura de que no.
Pero no hubiese sido lo que yo deseaba y sin ello no estaría aquí escribiéndote estas líneas.

Reflexión de esta anécdota:
Eres la dueña de tu vida y tienes un propósito muy grande así que asegúrate de que las decisiones que estás tomando tienen el enfoque de crecimiento y abundancia que mereces.

 

¿Cuál es el enfoque de tus decisiones?

Tú eres el resultado de las decisiones que tomas y tus decisiones están alineadas con lo que más late en tu corazón.

Comprendo que tus emociones te inspiren, a todos nos pasa.

Pero tus emociones deben ser sanas, apasionadas por algo positivo, concentradas en lo que te alegra, impulsadas por un brillo en tu mirada.

Si tus decisiones están siendo inspiradas por emociones contrarias, por opiniones de otros, por ardor en tu estómago o frustraciones o rabias del pasado, entonces da un paso hacia atrás.

No te dejes ser el resultado de esas emociones.

Como siempre lo he dicho, tienes el poder de escribir una gran historia, tú eres la dueña y protagonista.

Así que estoy segura de que quieres escribir una historia de vida bella y exitosa en lugar de escribir una basada en decisiones inspiradas en emociones negativas.

Sigue adelante, construye la vida que quieres y disfruta como lo mereces.

Mariela